Claudio Vallory y una emotiva despedida al periodista Carlos Tati Iglesias

Hasta siempre amigo


La primera vez que entre a una redacción, me atolondró el trepidar latoso, intenso, rabioso, fulminante y muy estruendoso de la máquina de escribir.
Pero ese monstruo tenia un comando. Un cerebro increíble, manos celeres, honestidad blindada, creatividad inmensa y un humor corrosivo, cínico, fulminante, que le permitía decir cualquier verdad y atenuar el dolor que esa provoca. (O el cariño, si fuese el caso)
Ese comando tenía un nombre, y alguien se acercó y me susurró -creo era Analía- «Tati», apuntó, y el maestro Carlos Hugo Tati Iglesias se dió la vuelta, me observó en silencio y como sabía que estaba estudiando periodismo en la UNLP -siempre apuntaba algo de la biografía del interlocutor- socarron: «llegó la Walsh», asociandome con la Agrupación que maneja el Centro de Estudiantes de la Facultad desde siempre.
Después de eso fueron siempre buenas. Me enseñó subterfugios, giros retóricos, ortografía y a jugar a armar titulares, el legendario 3 de 3 es de su autoría y fue portada de La Razón de los 70.
Aclaro que el juego consiste en armar un texto con sentido, usando una cantidad de palabras establecidas a priori. Entonces, el celebrado 3 de 3 era «HOY HAY LÍO».
Tati (Carlos Hugo Iglesias, «los tres nombres son para los próceres», decía con una sonrisa cuando en el Popu lo retaron porque no quería llamar a una figura política local por su nombre compuesto) es el 3 de 3 y el de las «poderosas razones» o el «cuerpo Bomberil» o el peronista de Perón y el periodista con mucho oficio y una inmensa base omnisciente que nos dejó sin paz, sin brújula, sin faro ético, pero con la idea de mantener la memoria de quienes hicieron algo para que la sociedad se entere, entienda, crea y pueda avanzar.
En memoria. Me falta la foto con vos amigo, que seguro Coco Ledesma se llevó.
Hasta siempre. Laa redacciones de muchos diarios, periódicos, revistas, los estudios de radio y tv, los pasillos de la facultad y la Mesa 10 de los boliches estará un rato con la tristeza de quienes son derrotados por la ausencia de los imprescindibles.
Nos vemos Tato.
Claudio Vallory

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